Bicicleta Cuchara Manzana

En el otoño de 2007, a Pascual Maragall se le diagnostica la enfermedad de Alzheimer.

Tras el duro golpe, él y su familia inician una cruzada contra la enfermedad, de la que esta película se convierte en testigo excepcional.

Con inteligencia, sinceridad y buen humor, Maragall se deja retratar con su familia y los médicos para dejar constancia del día a día de su lucha personal.

Dos años de seguimiento a un paciente excepcional dispuesto a que los científicos encuentren la cura antes de que la cifra de 26 millones de enfermos en el mundo se multiplique por 10.

Una película dura, pero optimista a pesar de todo.

Bicicleta, cuchara, manzana es capaz de mostrarnos, sin recurrir al victimismo, la lucha de un personaje conocido por todos y de su familia por enfrentar una enfermedad incurable y devastadora.

Carles Bosch inteligentemente pone en el centro a un lúcido Maragall, y abriendo varias líneas narrativas trata de explicarnos incluso científicamente a qué nos enfrentamos.

La cámara se aproxima a un personaje desde su vertiente más humana y a un entorno que asume el reto de alentar su autonomía sin dudar en protegerlo aunque sea de sí mismo.

Es en estos momentos cuando la película se torna cálida, cercana e intensa.

Es la historia de un hombre que se resiste a que unos enredos de proteínas le roben su bien más preciado: sus recuerdos, y de una familia que no duda por amor en exponerse con fortaleza para apoyarlo y acompañarlo en su empeño.

Recuerdan las palabras mencionadas al inicio. ¿No? Pues recuérdenlas.

Bicicleta, cuchara, manzana permanecerá como testimonio imperecedero de un lucha y de un empeño por preservar la libertad, el recuerdo de una vida intensamente vivida y ojala del inicio por aunar esfuerzos por preservar la de generaciones venideras.